TRATAMIENTO PARA LA ANSIEDAD Y LOS ATAQUES DE PÁNICO

¿Qué es la ansiedad y el ataque de pánico?

La ansiedad es una respuesta fisiológica de alarma que se da de manera automática en el cuerpo, ante algo que percibimos como un peligro del cual nos tenemos que proteger.

Ante esta supuesta amenaza, nuestro organismo se prepara para luchar o huir con el objetivo de protegerse y sobrevivir. Por ejemplo, el corazón y la respiración se aceleran para que la sangre se dirija rápidamente a los músculos que, de esta manera, estarán preparados para echar a correr.

Por lo tanto, si la amenaza es externa y real (imaginemos que entra un ladrón en casa) la reacción ansiosa es totalmente adaptativa porque nos ayuda a sobrevivir. Se trata de algo puntual y realmente es una estrategia funcional.

Sin embargo, cuando la amenaza es interna (por ejemplo tener la creencia de que la palpitación que he sentido me va a provocar un ataque de corazón, o tener la convicción de que si salgo al escenario voy a hacer el ridículo y se van reír de mí) hablamos de ansiedad patológica y disfuncional, ya que el peligro no es real sino que solamente está dentro de nuestra mente. Sí que es verdad que la situación que la provoca puede ser más o menos estresante, pero la reacción ante ésta es desproporcionada porque se trata de algo inofensivo.

En este último caso la persona puede tener una reacción corporal tan intensa que le provoque una crisis de angustia, ataque de ansiedad o ataque de pánico. Si esta crisis de angustia se va repitiendo e interfiere en la vida del sujeto, hablamos de que éste padece un trastorno de angustia. En el caso de que la persona deje de salir de casa para evitar las situaciones en las que se le desencadenan las crisis de angustia o evite aquellas situaciones en las que siente que puede perder el control, hablamos de agorafobia.

Además de estas psicopatologías (trastorno de angustia y agorafobia), hay otros trastornos de ansiedad como el Trastorno de Ansiedad Generalizada, el Trastorno Obsesivo Compulsivo (ver categoría preocupaciones/obsesiones) y las fobias (ver categoría correspondiente).

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Características de la crisis de angustia

Cuando se desencadena una crisis de angustia, aparece de manera repentina un miedo o malestar intenso que suele ir acompañado de la sensación de peligro y la necesidad de escapar. Para afirmar que la persona está realmente sufriendo un ataque de pánico, esta sensación de miedo intenso tiene que ir acompañada de como mínimo 4 de los siguientes síntomas:

  • Palpitaciones, taquicardias
  • Sensación de ahogo o de dificultades para respirar
  • Escalofríos o sofocos
  • Sensación de asfixia o de tener un nudo en el cuello
  • Inestabilidad, mareo, sensación de que viene un desmayo
  • Miedo a perder el control o volverse loco
  • Miedo a morir
  • Opresión torácica
  • Náuseas, dolor de estómago o descomposición
  • Sensación de irrealidad (desrealización) o de verse desde fuera de uno mismo (despersonalización)
  • Temblores
  • Sensación de hormigueo o adormecimiento

Tratamiento de los ataques de pánico

El tipo de intervención que realizo en mi consulta se basa principalmente en el modelo de psicología cognitivo-conductual, que se caracteriza por fundamentarse en técnicas y procedimientos de eficacia demostrada. Además, en función de la personalidad del paciente, se pueden utilizar también técnicas y tareas terapéuticas pertenecientes a otras corrientes (sistémica, humanista…) para complementar la terapia. 

Los objetivos del tratamiento son:

  • Conocer las causas de los ataques de pánico para poder hacer un trabajo terapéutico encaminado a gestionarlas.
  • Controlar los ataques de pánico cuando éstos se presentan. Aquí utilizo técnicas que son muy personalizadas, ya que cada crisis de angustia tiene sus particularidades. Por ejemplo, las personas que sienten que se ahogan porque creen que no les entra aire aprenderán a volver a restablecer la respiración con normalidad. O, por ejemplo, los sujetos que tienen pensamientos que les hacen creer que se van a desmayar o que tendrán un ataque al corazón, aprenderán a manejar estos pensamientos para evitar que el ataque que están sufriendo se agrave todavía más.
  • Ser capaz de prevenir la aparición de los ataques de pánico. Para lograr este objetivo se trabajan principalmente los pensamientos y creencias desencadenantes de estas crisis, así como la detección de las primeras señales corporales.
  • En el caso de que los ataques de angustia hayan provocado agorafobia, se marca también el objetivo de dejar de evitar las situaciones temidas de manera muy progresiva y respetando en todo momento el ritmo del paciente.

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